La evangelización de los pícaros que acudían a la pesca del atún

Las almadrabas de Zahara de los Atunes no solo fueron un centro neurálgico de la pesca del atún, sino también un escenario singular para la labor misionera de la Compañía de Jesús. Entre los religiosos que acudieron a evangelizar a los trabajadores de las almadrabas, destacó la figura del Padre Pedro de León, un jesuita que conocía de primera mano el mundo de los criminales y pícaros, pues había ejercido su ministerio durante años en la Cárcel Real de Sevilla, donde trató con los delincuentes más peligrosos de la época.
Ya en 1557, el Padre Diego López dejó constancia escrita de la primera aproximación misionera a los trabajadores de las almadrabas. En su relato, describe cómo los hermanos jesuitas se mezclaban con los pescadores y jornaleros, ayudando a tirar de las redes mientras cantaban la doctrina cristiana en lugar de las canciones deshonestas y blasfemas que solían acompañar las faenas. Este método, tan sencillo como ingenioso, permitía a los misioneros ganarse la confianza de aquellos hombres rudos y marginales que acudían cada temporada a la costa gaditana en busca de trabajo.
Un año después, en 1558, los misioneros Diego Pérez y Gregorio de Mata perfeccionaron y ampliaron los métodos de evangelización. Además de participar en las tareas de pesca y cantar la doctrina, estos religiosos se dedicaron a la caridad activa: curaban a los enfermos que caían víctimas de las duras condiciones de trabajo, atendían a los heridos y defendían los derechos de los trabajadores ante los capitanes y capataces de las almadrabas, que a menudo abusaban de su autoridad.
Las almadrabas congregaban cada temporada a cientos de hombres procedentes de toda Andalucía y más allá: vagabundos, prófugos, antiguos presidiarios y gentes de toda condición que buscaban en la pesca del atún una forma de sustento. Los jesuitas vieron en esta concentración humana una oportunidad única para su labor pastoral, convirtiendo las playas de Zahara en un campo de misión tan singular como los territorios de ultramar que otros compañeros de la orden evangelizaban en América o Asia.
