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Urbanización Atlanterra - Tierra del Atlántico

La historia de cómo tres jinetes alemanes crearon un paraíso en la costa gaditana

Urbanización Atlanterra

En la primavera de 1959 tres inquietos alemanes, Klaus Jamin (37 años), del sector hostelero, Peter Klain (34 años), reportero gráfico, y Ricci Riggenbach (36 años), pintor y escultor, deciden hacer un viaje turístico a caballo por la costa española. Partiendo desde Algeciras y recorriendo la costa gaditana, llegaron a una zona virgen y salvaje entre Zahara de los Atunes y Tarifa que les cautivó por completo. Aquella tierra agreste, bañada por el Atlántico, con sus acantilados, calas escondidas y pinares, les pareció un auténtico paraíso.

Fascinados por el lugar, los tres amigos decidieron adquirir terrenos en la zona. Tras varias gestiones y negociaciones con los propietarios locales, en 1962 fundaron la sociedad Atlanterra S.A., cuyo nombre evocaba la "tierra del Atlántico". El proyecto urbanístico contemplaba la construcción de chalets de estilo mediterráneo integrados en el paisaje natural, respetando la vegetación autóctona y adaptándose a la orografía del terreno. El arquitecto alemán Horst Mankel fue el encargado de diseñar las primeras edificaciones, con un estilo que combinaba la arquitectura tradicional andaluza con toques centroeuropeos.

A lo largo de los años sesenta y setenta, Atlanterra fue creciendo como urbanización residencial de lujo, atrayendo a familias alemanas y de otras nacionalidades europeas que buscaban un refugio tranquilo junto al mar. Se construyeron dos hoteles emblemáticos: el Club Atlanterra, que ofrecía servicios de alta calidad para los residentes y visitantes, y el Gran Hotel Zahara, un imponente edificio situado en primera línea de playa que se convirtió en referencia de la zona.

Sin embargo, el Gran Hotel Zahara tuvo una historia accidentada. Tras años de funcionamiento y diversos cambios de propiedad, el hotel entró en un progresivo deterioro. Finalmente, en el año 2002, el edificio fue demolido, poniendo fin a una era. Su desaparición supuso un punto de inflexión para Atlanterra, que desde entonces ha mantenido su carácter residencial y tranquilo, conservando gran parte de su encanto original como urbanización integrada en un entorno natural privilegiado de la costa gaditana.

Hoy en día, Atlanterra sigue siendo un lugar especial dentro del litoral de Cádiz. Sus calas, sus pinares y sus vistas al estrecho de Gibraltar continúan atrayendo a quienes buscan la belleza salvaje que en su día cautivó a aquellos tres jinetes alemanes. La urbanización mantiene el espíritu de sus fundadores: un lugar donde la naturaleza y la vida tranquila prevalecen sobre el turismo masivo.


Urbanización Atlanterra
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